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¿Con qué vinos maridar mejor tus comidas?

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El vocablo maridaje proviene del francés mariage, que significa matrimonio, y se trata de la íntima relación entre un plato de comida y el vino con el que se lo acompaña para alcanzar la combinación de sabor perfecta. Si en bien muchos saben que las carnes rojas se acompañan con vino tinto, mientras que los pescados o el pollo se combinan con vino blanco, hay mucho más detrás de la técnica o el arte del maridaje por contraste o complementación. Veamos algunos ejemplos que podremos poner en práctica a la hora de salir a cenar o de cocinar en casa.

- Paella o platos con arroz. No se recomienda comer paella con un vino de gran cuerpo y madurez porque, de esta manera, se perderá el sabor suave de la paella y quedará enmascarado por el vino tinto. A los arroces en general les van bien los blancos ligeros y secos, con aromas frutales pero no demasiado dulces.

- Pescados blancos. Un buen vino para combinar con platos de este tipo es el blanco seco ácido como el ribeiro, el verdejo o el txakolí, pero también con dulces como el albariño, recomiendan evitar los dulces alemanes a no ser que el pescado lleve condimento.

- Mariscos. Combinan muy bien con todos los vinos blancos en general, incluso los dulces y florales como el riesling alemán o el albariño. Los rosados también son una buena opción.

- Carnes rojas. Las carnes rojas son el territorio ideal de los tintos de variedades poderosas como la garnacha, el cariñena, el Juan Ibáñez o la cabernet sauvignon, el monastell, entre otros.

- Pollo. El pollo asado o a la plancha, al igual que el pavo, combina perfectamente con vinos blancos secos pero no ácidos como los clásicos atlánticos. Se recomienda usar variedades mediterráneas como el xarelo, la parellada, la garnacha blanca, entre otros. En el caso de guisos de pollo con salsas varias, los blancos ligeros o medios, jóvenes pero de variedades potentes, como son la mayoría de las españolas, funcionan bien.

- Quesos. El mundo de los quesos es muy amplio y variado. Pero, en términos generales, pueden asignarse a los quesos tiernos los vinos blancos con cuerpo, o bien, secos ligeros, e incluso algo dulce que sea suave para dar un contraste. Para el queso roquefort, potente de aroma y sabor, es mejor combinar con vinos tintos de tono ligero pero afrutado, o bien tintos medios.

- Ensaladas. A las ensaladas les va bien tanto el rosado como el blanco seco con aroma frutal, pero no los vinos con toque dulce.

- Postres dulces. Para un postre dulce, un vino dulce como moscatel, mistela, malvasía, riesling aleman de grado, oporto joven o un madeira.